Andes Resilientes al Cambio Climático

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Energía solar para el acceso a agua y recuperar pastos nativos: una apuesta por la resiliencia en el altiplano de Bolivia

Energía solar para el acceso a agua y recuperar pastos nativos: una apuesta por la resiliencia en el altiplano de Bolivia

UBICACIÓN

Collpahuma, municipio de Toledo (Oruro),

ALIADO:

Gobierno Autónomo Municipal de Toledo

En Collpahuma, municipio de Toledo (Oruro), el proyecto piloto de Andes Resilientes instala bombeo fotovoltaico y refuerza la producción forrajera para enfrentar la sequía y sostener la ganadería familiar.

En la comunidad de Collpahuma, municipio de Toledo (Oruro), el agua ha dejado de ser predecible. Las lluvias ya no responden a los calendarios tradicionales y la sequía impacta directamente en los pastos, los cultivos y el ganado. En un territorio donde la ganadería familiar depende del forraje, la disponibilidad de agua define la producción, los ingresos y la capacidad de sostener los medios de vida.

Durante años, la comunidad dependió de lluvias estacionales. Pero, frente a un clima cada vez más variable, empezaron a trabajar con un sistema de bombeo a diésel que, aunque funcional, resultaba costoso, intermitente y difícil de sostener. “No garantizaba un acceso permanente al agua”, explica Carlos Reza, consultor del proyecto piloto.

Pero el desafío es estructural y se repite en muchas otras zonas del altiplano: sequías más intensas, limitaciones de infraestructura, altos costos energéticos y brechas históricas en inversión pública para sistemas de agua y riego. Cuando el agua falla, el impacto es inmediato: cae la producción forrajera, el ganado recorre mayores distancias y la economía familiar se debilita.

“Aquí no llegaba el agua, pero ahora este sistema para nosotros es de gran ayuda”, afirma Matilde Rocha Ancasi, quien además resume el contexto climático: “Ya no llueve en su época y hay mucha sequía, sin duda, el cambio climático nos ha afectado a todo el altiplano”.

Aunque el agua, está en el centro, el eje productivo del piloto es el forraje. En el altiplano, el forraje es el insumo que define la alimentación del ganado durante los meses críticos y en contextos de escasez, la falta de agua obliga al ganado a desplazarse más, afectando su peso y rendimiento. Con mayor disponibilidad hídrica, se reduce esta presión y se estabiliza el sistema productivo. “Nuestras ovejas ya no recorren grandes distancias, pues cuando tenemos el agua cerca les damos en bebederos… eso evita que pierdan peso”, explica Matilde.

Un piloto que pone el agua en el centro de la adaptación

Frente a este contexto, el proyecto piloto “Diversificación y escalamiento de la producción resiliente de forrajes y/o pasto nativo”, impulsado por Andes Resilientes al Cambio Climático, articula asistencia técnica e innovación para fortalecer la adaptación. La intervención combina semillas mejoradas, optimización del riego y un cambio clave: la incorporación de energía fotovoltaica (solar) para el bombeo de agua, con potencial de evolucionar a sistemas híbridos. El objetivo es claro: asegurar mayor continuidad del agua para la producción y fortalecer la base forrajera que sostiene la ganadería familiar.

El piloto beneficia a 39 familias y a la unidad educativa de la comunidad, y sus efectos ya son visibles. “El sistema está compuesto por 8 paneles solares, pero, además funciona en silencio… no como el generador”, señala Justiniano Ancasi, del comité de agua. Pero más allá del cambio tecnológico, destaca la estabilidad: el acceso más continuo al agua permite sostener el riego, el consumo animal e incluso para consumo humano.

Sin embargo, por ahora, el uso priorizado del sistema está vinculado a actividades agrícolas y a la demanda comunitaria asociada a la unidad educativa; el alcance para consumo humano a gran escala sigue siendo un paso por consolidar. Para las autoridades locales, el impacto es tangible en términos de acceso.

La experiencia también abre oportunidades.

Productores como Quintín Ninaja ya proyectan ampliar la siembra y diversificar cultivos, incorporando hortalizas, siempre que se asegure el acceso a agua y semillas. El cuello de botella es claro: la estacionalidad del agua. La solución, también: gestionar mejor el recurso. El paquete técnico del piloto se apoya en esa lógica: asegurar agua más continua para poder producir forraje en época seca, reducir dependencia del diésel y fortalecer prácticas productivas.
El piloto se implementa sobre infraestructura comunitaria preexistente, originalmente destinada al consumo humano, incorporando un sistema fotovoltaico y un hidrante piloto que permite ensayar riego parcelario. Esto ha hecho posible sostener forrajes como alfalfa asociada con avena y complementada con festuca, reduciendo la dependencia exclusiva de las lluvias.

Con más agua disponible, también se facilita el consumo animal, se reduce el desplazamiento del ganado y se fortalece la estabilidad del sistema productivo. A la vez, se abre una oportunidad para ampliar gradualmente la superficie bajo riego y reforzar la agricultura familiar. Allí se resume el sentido de la experiencia: adaptarse al cambio climático sin perder de vista los medios de vida de la comunidad y reemplazar el diésel por una fuente de energía más limpia.

Pero, además de fortalecer la adaptación, la iniciativa aporta a la mitigación del cambio climático al reemplazar el uso de combustibles fósiles por energía solar. Esta doble dimensión —adaptación y mitigación— posiciona al piloto como una solución integral frente a los desafíos del altiplano.

Pero, además de fortalecer la adaptación, la iniciativa aporta a la mitigación del cambio climático al reemplazar el uso de combustibles fósiles por energía solar. Esta doble dimensión —adaptación y mitigación— posiciona al piloto como una solución integral frente a los desafíos del altiplano.

Sin embargo, la sostenibilidad no depende solo de la tecnología. La gestión comunitaria del agua es clave. La conformación del comité de agua, la definición de reglas claras y la implementación de mecanismos tarifarios serán determinantes para garantizar la operación y mantenimiento del sistema.

“El piloto será exitoso si logramos una buena gestión del agua”, enfatiza Carlos Reza. En Collpahuma, este proceso ya está en marcha.

El siguiente paso es escalar. “Queremos ampliar… llegar a más hectáreas y que más familias se queden aquí”, señala Matilde. Para ello, serán necesarias inversiones complementarias, infraestructura y fortalecimiento organizativo.

En Collpahuma, la energía solar no cambia el clima, pero sí reduce vulnerabilidades y abre nuevas posibilidades. En un contexto de sequía creciente, asegurar continuidad en el acceso al agua es clave para sostener forrajes, ganado y vida comunitaria. Así, la resiliencia se construye paso a paso: con tecnología apropiada, prácticas sostenibles y organización local.

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