ECUADOR
MAGP y Andes Resilientes recorren experiencias agroforestales de la Sierra ecuatoriana para fortalecer sistemas alimentarios resilientes
Entre huertos diversificados, prácticas de manejo sostenible de los recursos naturales y conocimientos transmitidos de generación en generación, familias de la agricultura familiar campesina de la Sierra ecuatoriana demuestran que es posible producir alimentos de manera sostenible mientras se fortalece la resiliencia frente al cambio climático.
Los días 9 y 10 de junio, en el marco del proyecto Andes Resilientes al Cambio Climático, representantes del proyecto y delegados del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca (MAGP) recorrieron tres fincas ubicadas en las provincias de Cotopaxi, Chimborazo y Bolívar, con el objetivo de conocer de primera mano experiencias vinculadas a sistemas agroforestales, diversificación productiva y agregación de valor, así como identificar prácticas con potencial de escalamiento para fortalecer los sistemas alimentarios y su resiliencia frente al cambio climático.
La visita permitió evidenciar cómo las familias productoras integran conocimientos ancestrales, innovación, conservación de la biodiversidad y manejo sostenible del suelo y el agua para enfrentar los desafíos climáticos, contribuyendo al mismo tiempo a la seguridad alimentaria, la generación de ingresos y la preservación de su patrimonio alimentario.
La delegación estuvo conformada por María René Pinto, coordinadora regional de Andes Resilientes; Andrés Ugaz, consultor de Patrimonio Alimentario Regional; representantes del MAGP y de la Subsecretaría de Riego Parcelario Tecnificado (SRPT), quienes intercambiaron experiencias y reflexionaron sobre el potencial de estas iniciativas para fortalecer territorios más resilientes.
Diversificación productiva y saberes que fortalecen la resiliencia
La primera experiencia visitada fue la de Marcia Chisaguano, en la comunidad de Planchaloma, provincia de Cotopaxi. A través de un recorrido por su finca, compartió las prácticas que desarrolla en producción ganadera y cultivos orgánicos, evidenciando cómo la diversificación productiva contribuye a mejorar la alimentación familiar, conservar conocimientos ancestrales y fortalecer la capacidad de adaptación frente a los impactos del cambio climático.
Su experiencia refleja el estrecho vínculo entre las familias campesinas y la naturaleza, promoviendo sistemas de producción que buscan mantener el equilibrio entre productividad, conservación y sostenibilidad.






Innovación y aprovechamiento integral de los recursos
La segunda visita se realizó en una finca ubicada en la provincia de Chimborazo, donde una pareja de profesionales ha desarrollado durante más de tres décadas un modelo agroecológico basado en el aprovechamiento integral de los recursos, la economía circular y la sostenibilidad.
La experiencia destaca por la reutilización de residuos orgánicos para la producción de compost, la incorporación de especies nativas y frutales, la generación de energía solar y el desarrollo de soluciones tecnológicas adaptadas a las necesidades de la producción agrícola. Estas innovaciones permiten optimizar procesos, reducir desperdicios y fortalecer la sostenibilidad del sistema productivo.
Además, la finca se ha convertido en un espacio de aprendizaje e intercambio de conocimientos para estudiantes, agricultores y visitantes interesados en conocer alternativas productivas sostenibles y resilientes.





Agregación de valor para fortalecer la economía rural
La tercera experiencia se desarrolló en la parroquia San Simón, provincia de Bolívar, donde una familia campesina ha logrado complementar la producción agrícola con iniciativas de transformación y comercialización de alimentos.
A partir de materias primas producidas en la finca, elaboran productos con valor agregado como helados artesanales y granolas elaboradas con ingredientes naturales, demostrando cómo la transformación de los productos locales puede generar nuevas oportunidades económicas, reducir pérdidas poscosecha y fortalecer los medios de vida rurales.
Esta experiencia evidencia el potencial de la agricultura familiar campesina para impulsar emprendimientos sostenibles que contribuyen tanto a la seguridad alimentaria como al desarrollo económico de los territorios.







Experiencias que aportan a sistemas alimentarios resilientes
Las experiencias visitadas permitieron identificar prácticas de diversificación productiva, agroforestería, innovación local, conservación de la biodiversidad y agregación de valor que fortalecen la resiliencia climática de las familias productoras y contribuyen a la sostenibilidad de los sistemas alimentarios andinos.
En el marco de la segunda fase de Andes Resilientes, estos espacios de aprendizaje e intercambio buscan promover la identificación, fortalecimiento y escalamiento de buenas prácticas que contribuyan a la seguridad hídrica y alimentaria de las comunidades andinas. Asimismo, refuerzan el vínculo entre producción sostenible, cultura alimentaria y Patrimonio Alimentario Regional, reconociendo el papel fundamental de los saberes locales, la agrobiodiversidad y la agricultura familiar campesina en la construcción de territorios más resilientes frente al cambio climático.