Andes Resilientes al Cambio Climático

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ECUADOR

Cooperativa 23 de Julio incorpora el riesgo climático en el crédito agrícola para fortalecer la resiliencia de la Agricultura Familiar

El cambio climático está transformando la forma en que se produce en los Andes. Sequías más prolongadas, lluvias intensas y eventos climáticos extremos afectan cada vez con mayor frecuencia la productividad, los ingresos y la seguridad alimentaria de miles de familias dedicadas a la Agricultura Familiar Campesina. Frente a este escenario, fortalecer la resiliencia requiere la participación de nuevos actores, entre ellos el sector financiero.

Con esa visión, la Cooperativa de Ahorro y Crédito 23 de Julio y el proyecto Andes Resilientes, desarrollan un proceso de fortalecimiento de capacidades para incorporar el análisis del riesgo financiero climático en la gestión del crédito agrícola. La iniciativa busca que las decisiones de financiamiento consideren las condiciones climáticas de los territorios, permitiendo acompañar a las familias productoras con soluciones que fortalezcan su capacidad de adaptación.

Esta experiencia responde a un principio clave: el cambio climático no solo representa un desafío ambiental, sino también social, económico y financiero. Integrar el riesgo climático en los procesos crediticios permite generar herramientas para que las familias agricultoras puedan anticiparse a los riesgos, identificar oportunidades de adaptación y promover inversiones que contribuyan a mantener la productividad y proteger sus medios de vida.

Como parte de este proceso, oficiales de crédito y equipos técnicos de la cooperativa participaron en jornadas de formación y acompañamiento en territorio, donde trabajaron directamente con productores y productoras para identificar los principales riesgos climáticos que enfrentan sus sistemas productivos y analizar alternativas que puedan ser respaldadas mediante instrumentos financieros adecuados.

Para Andrés Freire, consultor del proyecto Andes Resilientes especializado en Agricultura Familiar Campesina y Finanzas Resilientes, este proceso representa una oportunidad para transformar la forma en que tradicionalmente se entiende el crédito agrícola.

«Muchas veces el análisis crediticio se focaliza únicamente en los números. Lo que buscamos es incorporar variables de riesgo climático para comprender mejor las necesidades y potencialidades del sector productivo, fortaleciendo tanto a los productores como a las instituciones financieras.»

Freire explica que el propósito no es restringir el acceso al financiamiento, sino convertir el análisis del riesgo en una oportunidad para impulsar inversiones que fortalezcan la resiliencia.

«No buscamos que el riesgo climático se convierta en una negativa de crédito. Todo lo contrario: queremos que el riesgo se convierta en una oportunidad para identificar soluciones climáticas que puedan ser financiadas mediante productos financieros más sostenibles y resilientes.»

Desde la Cooperativa 23 de Julio, esta iniciativa también representa una oportunidad para consolidar una visión de inclusión financiera alineada con los desafíos que enfrenta el territorio.

«Para nosotros, la inclusión financiera no consiste únicamente en otorgar un crédito. Significa comprender la realidad económica, social y climática de nuestros socios para acompañarlos con soluciones responsables y sostenibles», señala Efraín Arroyo Torres, presidente del Consejo de Administración de la cooperativa.

La institución financiera reconoce que los fenómenos climáticos ya generan impactos directos en la producción de sus socios. Heladas, granizadas, sequías y otros eventos climáticos extremos han afectado cultivos y reducido la capacidad productiva de numerosas familias, evidenciando la necesidad de incorporar nuevas herramientas para gestionar estos riesgos.

En ese sentido, Fredy Francisco Mena García, director de Negocios de la Cooperativa 23 de Julio, destaca el valor estratégico del proceso, permitiendo afianzar la toma de decisiones de carácter institucional y el acompañamiento a los productores.

«Estas capacitaciones nos ayudan a incorporar variables que antes no considerábamos dentro del análisis crediticio. No solo nos permiten identificar riesgos, sino también orientar a nuestros socios para que puedan prepararse, reducir su vulnerabilidad y tomar mejores decisiones frente a los desafíos del cambio climático.»

La gerente general de la cooperativa, Mónica Nicolalde, añade que esta experiencia fortalece la estrategia institucional de sostenibilidad y genera beneficios compartidos para la organización y las comunidades rurales.

«Queremos que nuestros socios cuenten con herramientas para enfrentar mejor los fenómenos climáticos y fortalecer prácticas productivas sostenibles. Este trabajo representa un beneficio tanto para las comunidades como para la institución y está alineado con nuestra estrategia de sostenibilidad.»

Este proceso contempla una etapa inicial de formación técnica para oficiales de crédito. Posteriormente, se realizará un acompañamiento práctico en territorio, donde la información y los conocimientos adquiridos serán aplicados junto a productores y productoras. Finalmente, se realizará una evaluación de resultados para desarrollar aprendizajes que puedan ser replicados en otras instituciones financieras interesadas en fortalecer la resiliencia climática de sus servicios.

El proyecto Andes Resilientes seleccionó a la Cooperativa 23 de Julio con el objetivo de implementar este plan piloto, que busca fortalecer la incorporación del riesgo financiero climático como un elemento relevante dentro de la gestión del crédito agrícola. Esta experiencia permitirá generar datos y evidencia sobre el funcionamiento de este enfoque y cómo puede mejorar el acompañamiento a productores, reforzar la cartera agrícola y aportar al desarrollo de servicios financieros más resilientes.

Esta iniciativa forma parte de la estrategia de Private Sector Engagement (PSE) impulsada por Andes Resilientes, que promueve alianzas con actores privados para acelerar soluciones frente al cambio climático. En este caso, la articulación con la Cooperativa 23 de Julio demuestra que el sector financiero puede desempeñar un papel clave en la adaptación climática, desarrollando servicios que respondan a las necesidades de la Agricultura Familiar y, al mismo tiempo, fortalezcan la sostenibilidad de su cartera agrícola.

Desde esta colaboración, el proyecto Andes Resilientes continúa promoviendo alianzas que integran al sector privado como un actor estratégico para fortalecer la resiliencia de las familias de la Agricultura Familiar Andina en Ecuador, Bolivia y Perú, contribuyendo a construir territorios más preparados frente a los impactos del cambio climático.

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