Andes Resilientes al Cambio Climático

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Mujeres rurales fueron reconocidas por su aporte a la agricultura familiar y la seguridad alimentaria del Ecuador

“Las mujeres rurales cumplen un rol fundamental: producen, cultivan, comercializan y al mismo tiempo protegen la biodiversidad y los medios de vida como la tierra y el agua”, expresó Sumak Bastidas, durante el evento celebrado en el Ministerio de Agricultura y Ganadería.

Con estas palabras se destacó el rol de la mujer rural en la mañana del 9 de marzo, en la ciudad de Quito. Ellas representan el 70% de la población en el Ecuador que se dedica a las labores agrícolas. Un acontecimiento realizado gracias al Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG), junto con el apoyo del proyecto Andes Resilientes.

El encuentro contó con música andina, la participación de autoridades y representantes de organizaciones internacionales. La importancia de reconocer a las mujeres agricultoras resulta trascendental en un país donde los productos provenientes del suelo son la base de la alimentación de las familias ecuatorianas, además de ser una de las principales fuentes económicas para la exportación de los frutos de estos sembríos.

Reconocer su labor significa visibilizar que estas mujeres son un pilar fundamental para la sociedad ecuatoriana, no solo dentro del núcleo familiar, sino también como protagonistas de un trabajo que beneficia directa e indirectamente a millones de personas. Los saberes que aplican al cultivar alimentos desde la tradición, a partir de conocimientos que han pasado de generación en generación, hace que su labor sea aún más valiosa, al preservar prácticas culturales heredadas de comunidades ancestrales ecuatorianas. De esta manera, mantienen viva la identidad de sus comunidades y de sus antepasados.

Es fundamental considerar que las condiciones medioambientales han ido cambiando con el tiempo. El cambio climático se ha convertido en uno d e los mayores desafíos para la agricultura, una realidad que no puede ignorarse al momento de trabajar la tierra.

En este contexto, proyectos como Andes Resilientes han brindado apoyo a agricultores mediante capacitaciones, transferencia de conocimientos y acceso a nuevas prácticas agrícolas. Estas herramientas no solo permiten que los cultivos se mantengan frente a condiciones adversas, sino que también fomentan la conservación del suelo y de los territorios donde se desarrollan los sembríos.

Actualmente, existe una crisis relacionada con la continuidad generacional en las actividades agrícolas familiares. Muchos jóvenes migran hacia las grandes ciudades, y cada vez son menos quienes permanecen en el campo para continuar con las labores que durante décadas han sostenido a sus familias. En tales circunstancias, las familias que han decidido mantenerse en el campo no solo enfrentan las vulnerabilidades provocadas por el cambio climático. También están adoptando nuevas formas de cuidar la tierra y sus cultivos, lo que ha dado paso a iniciativas productivas innovadoras.

Entre ellas se encuentran emprendimientos basados en la transformación de productos agrícolas en alimentos procesados, así como la elaboración de jabones, cremas y otros productos derivados de las plantas. Estas iniciativas permiten diversificar las fuentes de ingreso y fortalecer la economía de las familias rurales.

Tal como lo expresó María Ercilia Pallo Logro, de la comunidad Saraugsha, las condiciones climáticas extremas representan uno de los mayores retos para su trabajo. Según relató, las heladas pueden llegar a causar daños de carácter grave en los cultivos, afectando una labor que ha requerido largos periodos de dedicación y cuidado.

En este proceso, el rol de las mujeres ha adquirido un protagonismo cada vez mayor dentro de la agricultura sostenible, consolidándose como partícipes clave tanto en la producción de alimentos como en el cuidado de sus familias y territorios.

Sumak Bastidas, subsecretaria de Agricultura Familiar Campesina, destacó la importancia de este encuentro, con el fin de visibilizar el trabajo de las mujeres campesinas en el país.

La funcionaria recalcó que en el país hay un aproximado de tres millones de personas que habitan en zonas rurales, de las cuales, alrededor de un millón novecientas mil tienen un papel activo en el sector de la agricultura familiar campesina. De este grupo, cerca del 70 % son mujeres que se dedican a esta actividad.

Sumak Bastidas también explicó que actualmente el Ministerio de Agricultura y Ganadería trabaja arduamente en el desarrollo de una política intersectorial dirigida a mujeres rurales del sector agropecuario y pesquero. Una iniciativa destinada a reducir las brechas de desigualdad e inequidad con respecto al acceso a tecnología, educación y financiamiento.

En este marco, Andes Resilientes se ha consolidado como un aliado de carácter estratégico para la construcción de esta política. aportando con la implementación de conocimientos y trabajo directo con miembros de comunidades rurales. Los resultados obtenidos, reflejados en datos y evidencia, han permitido fortalecer el desarrollo de propuestas orientadas al progreso de las mujeres del campo y al fortalecimiento de la agricultura familiar.

“Las mujeres rurales cumplen un rol fundamental: producen, cultivan, comercializan y al mismo tiempo protegen la biodiversidad y los medios de vida como la tierra y el agua”, enfatizó Bastidas.

La subsecretaria también resaltó que las mujeres rurales están contribuyendo activamente a construir sistemas agroalimentarios más resilientes.

En un contexto donde la producción agrícola continúa siendo uno de los pilares de la economía y de la seguridad alimentaria nacional, reconocer la labor de las mujeres agricultoras significa también visibilizar su aporte cotidiano al bienestar de millones de familias ecuatorianas.

Espacios como este permiten no solo rendir homenaje a su trabajo, sino también reafirmar el compromiso de las instituciones públicas y de las organizaciones aliadas con el fortalecimiento de la agricultura familiar campesina. A través de estas iniciativas se mantiene el apoyo a las comunidades rurales que, desde sus territorios, sostienen la cultura, la alimentación y una parte esencial de la identidad del Ecuador.