ECUADOR
La Agricultura Familiar Campesina, protagonista de una gastronomía que conecta territorio, sabores y oportunidades
Hay alimentos que se remontan a nuestra niñez, que nos remiten directamente a la nostalgia, mientras que otros, aunque forman parte de la historia del Ecuador, han dejado de estar presentes en nuestras mesas. La oca, la mashua, el melloco, el camote y otros productos andinos guardan saberes y tradiciones que se han heredado de generación en generación. No obstante, para las personas que residen en ciudades, especialmente las nuevas generaciones, estos alimentos son poco consumidos o incluso desconocidos
Para Andes Resilientes, el patrimonio alimentario se entiende como la relación que los alimentos mantienen con nuestra cocina, memoria y tradiciones. Mantenerlo vivo implica mucho más que reconocer o nombrar estos productos: supone recuperar y poner en valor los saberes y prácticas que los acompañan, así como evidenciar las relaciones históricas que los vinculan con nuestros territorios, generando nuevas oportunidades para que vuelvan a estar presentes en las mesas y sean conocidos por nuevos públicos.
En este proceso, acercar los productos de la Agricultura Familiar Campesina (AFC) a consumidores, chefs y emprendimientos gastronómicos puede contribuir a ampliar sus posibilidades de uso, consumo y comercialización. De esta manera, valorizar el patrimonio alimentario también significa generar condiciones para que las familias que conservan y producen estos alimentos puedan encontrar nuevas oportunidades en el mercado.
Una Alianza que hace posible el encuentro
Fortalecer el patrimonio alimentario demanda un trabajo articulado, que se sostiene con varios actores: productores, consumidores, instituciones públicas y privadas. En este contexto, Andes Resilientes, en articulación con el Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo, a través del Viceministerio de Producción Agropecuaria y Desarrollo Rural y la Subsecretaría de Agricultura Familiar Campesina, hicieron posible la participación de sus emprendimientos en el Hueca Fest 2026, un evento masivo de carácter privado, en donde la gastronomía logró reunir en la ciudad de Quito a 150 huecas, 70 emprendimientos y miles de visitantes interesados en la cocina ecuatoriana.
Esta articulación permitió conectar el patrimonio alimentario con un espacio de alta convocatoria, acercando directamente los productores AFC a consumidores, chefs, emprendimientos gastronómicos y otros actores del sector. Desde la institucionalidad, la Subsecretaría de Agricultura Familiar Campesina en coordinación con Andes Resilientes articularon la participación de productores y emprendimientos, coordinando su presencia y promoviendo que este espacio se convierta no solo en una vitrina para sus productos, sino en una oportunidad para genera nuevos vínculos y posibilidades de comercialización.
Esta participación permitió poner en el centro a productores y emprendimientos de la Agricultura Familiar Campesina de Chimborazo, Bolívar, Cotopaxi y Pichincha, quienes acercaron al público una diversidad de productos con sello AFC, entre ellos el melloco rojo, melloco amarillo, melloco caramelo, papa Cecilia, mashua, ocas, camote rojo y camote blanco. A estos se sumaron cebolla perla, cebolla morada y tomate, todos cultivados de manera agroecológica. Más que una muestra de productos, el espacio permitió visibilizar a las familias y organizaciones que los producen y el conocimiento que sostiene estos sistemas alimentarios.
Un festival gastronómico de esta índole permite acercar realidades que normalmente permanecen separadas, poniendo en contacto a productos de la agricultura familiar campesina con consumidores, emprendimientos gastronómicos, chefs y potenciales compradores. Para los productores, estos espacios representan una oportunidad para conocer nuevos mercados, identificar las preferencias de los consumidores y establecer contactos que, con el acompañamiento adecuado, pueden convertirse en relaciones comerciales sostenibles.
De esta manera, la promoción del patrimonio alimentario se vincula directamente con un objetivo fundamental: recordar que estos alimentos siguen presentes en nuestros territorios, que aún existen familias que los cultivan y que tienen el potencial de ser transformados e incorporados a nuevas propuestas gastronómicas.
De la chacra a la alta cocina: recuperar, innovar y volver a conectar
Otro aporte de Andes Resilientes en el marco de esta alianza fue mostrar cómo estos productos pueden incorporarse de manera fácil e innovadora en nuestra cocina diaria. En las Olimpiadas Gastronómicas desarrolladas dentro del evento, participaron dos chefs aliados del enfoque de patrimonio alimentario del proyecto.
El chef e investigador Santiago Pazos preparó Rosero Quiteño, una bebida de origen colonial que, al pasar de los años ha ido desapareciendo de nuestras mesas y que representa una parte relevante de nuestra memoria alimentaria. Por su parte, el cocinero y gastrónomo profesional, Germán Vivanco presentó una preparación innovadora que incorporó mellocos caramelizados, salsa de mashua y harina de cebada, reducción de mortiño y trucha. Recuperar estas preparaciones, o innovar en las recetas, demuestra que nuestro patrimonio alimentario no solo puede conservarse, sino también transformarse en nuevas formas de disfrute por los consumidores actuales.
“Si las personas los conocen, los consumen y los incorporan a su alimentación, también estamos ayudando a que quienes los cultivan puedan seguir sembrándolos”, se explicó durante la actividad.
“Trabajar con estos productos nos permite volver a mirar ingredientes que forman parte de nuestra identidad y descubrir nuevas formas de llevarlos a la mesa. La mashua, el mortiño y otros productos de nuestra Sierra tienen muchísimo potencial; cuando los incorporamos a la cocina también ayudamos a que más personas los conozcan, los valoren y entiendan todo lo que hay detrás de ellos”, expresó el chef.
Poner en el centro a estos productos y a quienes los cultivan desde sus chacras permite recordar una idea fundamental: no puede existir un patrimonio gastronómico vivo sin las personas que producen los alimentos que lo hacen posible.
Estas experiencias muestran que la innovación gastronómica también puede convertirse en una oportunidad para los productores de la AFC, al ampliar las posibilidades de uso y consumo de productos cultivados en los territorios. Así, el vínculo entre productores, cocina y consumidores adquiere una dimensión que va más allá de la promoción: contribuye a generar condiciones para que estos alimentos encuentren nuevos espacios y oportunidades en el mercado.
Más allá de un evento puntual
La articulación entre espacios privados de alta convocatoria y la Agricultura Familiar Campesina, presenta la posibilidad de ir más allá de una participación puntual y abrir nuevas oportunidades de relacionamiento comercial. El contacto con emprendimientos, chefs y diversos actores del sector gastronómico posibilita generar acuerdos de provisión, participación en rondas de negocios y establecer nuevos canales de compra, contribuyendo a que estos productos puedan alcanzar una presencia más constante en el mercado.
Para el proyecto Andes Resilientes y para el Ministerio de Desarrollo Económico y Productivo es una prioridad ser parte de espacios de encuentro como el de Hueca Fest 2026, es una prioridad estratégica. No se trata de una participación aislada, sino de vínculos sostenidos que además de valorizar a los agricultores como punto de partida de la cocina y la gastronomía, amplíen la gama de posibilidades de carácter comercial para la agricultura familiar campesina.
El objetivo es claro: generar condiciones para que los alimentos y saberes tradicionales encuentren nuevos mercados, sean valorados por nuevos consumidores y puedan continuar formando parte de nuestra historia, nuestros territorios y nuestras cocinas.
La participación de la Agricultura Familiar Campesina en espacios como Hueca Fest 2026 demuestra que, cuando productores, instituciones públicas, cooperación y sector privado se encuentran, los alimentos y saberes de los territorios pueden llegar a nuevos públicos y convertirse en nuevas oportunidades.
Conservar un alimento ancestral también significa generar condiciones para que las familias que lo producen encuentren razones y oportunidades para continuar cultivándolo. Por eso, fortalecer el patrimonio alimentario implica conservar saberes, valorizar los productos de los territorios, conectar productores con consumidores y abrir oportunidades de mercado que reconozcan el valor económico, cultural y social de la Agricultura Familiar Campesina.











