BOLIVIA
Mujeres productoras de Morochata impulsan la diversificación productiva y su conexión con el sector privado para fortalecer su resiliencia frente al cambio climático
Morochata, Cochabamba, Bolivia. En las comunidades de San Isidro y Piusilla, la papa es mucho más que un cultivo: forma parte de la identidad, la cultura y la economía familiar. Sin embargo, los efectos cada vez más visibles del cambio climático —como sequías, heladas y granizadas—, sumados a la volatilidad de los mercados, han incrementado los riesgos para las familias que dependen principalmente de este cultivo.
Frente a este escenario, el proyecto Andes Resilientes al Cambio Climático, junto a la Fundación PROINPA, impulsa el piloto “Diversificación productiva como medida de adaptación al cambio climático para agricultores y comunidades altamente vulnerables”, una iniciativa que busca fortalecer la capacidad de respuesta de las familias mediante la incorporación de nuevos cultivos que complementen la producción tradicional de papa.
La propuesta no busca reemplazar los sistemas productivos existentes, sino fortalecerlos. A través de la introducción de cultivos como el tumbo y hortalizas de ciclo corto —lechuga, cebolla, zanahoria y beterraga—, las familias pueden diversificar sus fuentes de ingreso, reducir riesgos y generar mayor estabilidad económica frente a escenarios climáticos y comerciales cada vez más inciertos.
“Depender de un solo cultivo ya no garantiza obtener ingresos suficientes. Hoy las familias enfrentan simultáneamente riesgos climáticos y fluctuaciones de precios que afectan directamente sus medios de vida”, explica Franz Terrazas, integrante del equipo técnico de PROINPA que implementa el proyecto piloto en Morochata.
En este contexto, el tumbo emerge como una alternativa con alto potencial. Además de adaptarse a las condiciones agroecológicas de la zona, ofrece cosechas periódicas que permiten generar ingresos más frecuentes a lo largo del año, contribuyendo a mejorar la liquidez de los hogares y facilitando la atención de necesidades cotidianas vinculadas a la alimentación, salud y educación.
Aprender de otras experiencias para innovar desde el territorio
Como parte de este proceso, productoras y productores de San Isidro y Piusilla participaron en un intercambio de experiencias en Apilla Pampa, municipio de Capinota, donde conocieron parcelas consolidadas de tumbo y compartieron conocimientos sobre manejo agronómico, control de plagas, sistemas de soporte, conducción de plantas y estrategias para mejorar la productividad.
Más que una visita técnica, el intercambio permitió potenciar sus capacidades, visualizar nuevas y mejores oportunidades para fortalecer los sistemas productivos locales a partir del aprendizaje entre pares, una de las estrategias promovidas por Andes Resilientes para acelerar la adopción de prácticas de adaptación exitosas.
Para Vilma Espinoza Colque, productora de Piusilla, la experiencia dejó enseñanzas concretas. Al comparar el manejo de las parcelas visitadas con las de su comunidad, identificó oportunidades para mejorar la infraestructura, el cuidado de las plantas y el manejo fitosanitario.
“Yo imitaría el cuidado y la fumigación”, comentó, convencida de que pequeños cambios pueden traducirse en mejores resultados productivos y económicos.
La experiencia también permitió dimensionar el potencial económico del cultivo. “Nos ha hecho despertar”, señaló Vilma, al observar que un manejo más eficiente puede incrementar significativamente los rendimientos y con ello, mejorar las ventas, incrementando los ingresos familiares.
Juliana López Camacho comparte esa visión. Acostumbrada a una agricultura centrada casi exclusivamente en la papa, el intercambio le permitió ampliar sus perspectivas sobre las oportunidades que ofrece la diversificación productiva.
“Como somos capital de la papa, en la papa nomás pensamos”, reflexionó. Sin embargo, después de conocer experiencias exitosas de producción de tumbo, su mirada cambió. “Con esa experiencia que he visto, vamos a mejorar el tumbo, tenemos que hacer y haremos”, afirmó.
Mujeres liderando procesos de adaptación
Uno de los aspectos más relevantes de la iniciativa es el liderazgo que vienen asumiendo las mujeres en la adopción de estas alternativas productivas. Su participación responde no solo al interés por generar ingresos complementarios, sino también a la necesidad de fortalecer la seguridad y el bienestar de sus familias.
“Las mujeres están apostando con mayor fuerza a esta iniciativa porque los ingresos más frecuentes tienen un impacto directo en aspectos fundamentales como la alimentación, la salud y la educación”, destaca Terrazas.
La diversificación también contribuye a mejorar la disponibilidad y el consumo de alimentos frescos en los hogares. Las hortalizas promovidas por el proyecto complementan la dieta familiar y fortalecen la seguridad alimentaria local, generando beneficios que van más allá de la dimensión económica.
Conectando la adaptación climática con oportunidades de mercado
La estrategia impulsada por Andes Resilientes no se limita a la producción. La sostenibilidad de la diversificación productiva depende también de generar oportunidades comerciales que permitan convertir estos esfuerzos de adaptación en beneficios económicos concretos para las familias.
Por ello, el proyecto promueve la articulación entre organizaciones de productores y actores del sector privado, identificando oportunidades de mercado para productos como el tumbo. En ese sentido, existe una demanda creciente de este fruto por parte de emprendimientos y empresas vinculadas a la transformación y comercialización de alimentos, lo que abre nuevas posibilidades para las comunidades de Morochata.
Esta vinculación permite que la adaptación al cambio climático se traduzca en una estrategia integral de desarrollo rural, donde la producción resiliente se articula con el sector privado, a través del acceso a mercados. En ese sentido, Katya Castellón, Gerente de Operaciones de la Empresa Industria Alimenticias del Valle, en el marco de sus políticas de apostar por el desarrollo nacional y trabajar directamente con los productores, dio apertura a las productoras de tumbo de Morochata, y así puedan vender directamente la fruta a la empresa con un mejor precio y con mayor estabilidad.
Diversificar para construir resiliencia
En Morochata, la adaptación al cambio climático se construye desde decisiones concretas: diversificar cultivos, fortalecer capacidades técnicas, intercambiar conocimientos, mejorar el acceso a mercados y reducir la dependencia de una sola fuente de ingresos.
Cada una de estas acciones contribuye a que las familias agricultoras puedan enfrentar mejor los impactos climáticos y las incertidumbres económicas, fortaleciendo su resiliencia y su capacidad de proyectar un futuro más sostenible.
La papa seguirá ocupando un lugar central en la vida de San Isidro y Piusilla. Sin embargo, el tumbo comienza a abrirse espacio como un cultivo complementario capaz de ampliar oportunidades, reducir vulnerabilidades y fortalecer los medios de vida rurales.
A través de iniciativas como esta, Andes Resilientes impulsa soluciones que nacen desde los territorios y que permiten a las comunidades andinas adaptarse al cambio climático sin renunciar a sus saberes, su identidad productiva y su vocación agrícola.




















