ECUADOR
“Arma tu fanesca”: patrimonio alimentario, tradición y agricultura familiar campesina en Ecuador
¿Qué rol cumple la agricultura familiar campesina en la sostenibilidad de las tradiciones ecuatorianas? Esta fue la pregunta que dio origen a la feria “Arma tu fanesca”, un espacio impulsado por el Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca del Ecuador (MAG), en articulación con el proyecto regional Andes Resilientes al Cambio Climático y con el apoyo de la Universidad Internacional del Ecuador (UIDE).
Más que una feria gastronómica, el evento se posicionó como una plataforma para visibilizar el Patrimonio Alimentario Regional, entendiendo a la fanesca no solo como un plato tradicional de Semana Santa, sino como una expresión viva de la agrobiodiversidad andina, los saberes ancestrales y el rol estratégico de la agricultura familiar campesina (AFC) en la seguridad y soberanía alimentaria.
La feria congregó a autoridades, academia y organizaciones, pero tuvo como protagonistas a productores y productoras con sello AFC (Agricultura Familiar Campesina), quienes ofrecieron los insumos esenciales para la preparación de la fanesca. Su participación evidenció que, además de sostener la producción agrícola, son custodios de prácticas culturales profundamente arraigadas en la identidad ecuatoriana.
Cada año, durante la Semana Santa, se celebra la tradición de la fanesca, una deliciosa sopa que reúne una diversidad de ingredientes, tradicionalmente 12 granos andinos como fréjol, chocho, arveja, habas, lenteja, entre otros, que simbolizan a los apóstoles. Estos cultivos, además de su valor simbólico y nutricional, representan sistemas productivos resilientes que sostienen economías locales y reflejan la riqueza de la agrobiodiversidad de los Andes. La preparación del plato, acompañada de alimentos tradicionales como el molo, los pristiños con miel y el arroz con leche, configura un ritual culinario que integra historia, territorio y comunidad.
En este contexto, la viceministra de Desarrollo Productivo Agropecuario, Raquel Solís, destacó: “La agricultura familiar campesina es el corazón del campo. Tenemos registrados aproximadamente 119.000 productores, de los cuales el 60% son mujeres, quienes sostienen a sus familias y lideran las unidades productivas”. Esta afirmación subraya no solo el aporte de la AFC a la producción de alimentos, sino también su rol clave en la transmisión intergeneracional de saberes y en la resiliencia de los sistemas alimentarios.
Como parte central de la feria, se desarrolló la preparación en vivo de la fanesca, transmitiendo paso a paso su preparación, integrando un componente pedagógico y experiencial. Previo a la cocina, la viceministra, junto al chef Sebastián Galarza y Pamela Olmedo, coordinadora del proyecto Andes Resilientes en Ecuador, recorrieron los espacios de los productores para adquirir los ingredientes, recreando el circuito tradicional de abastecimiento. Durante la preparación, se destacó el valor nutricional, cultural y productivo de cada insumo.
“Es verdad que la fanesca es un proceso familiar tradicional, pero sin la agricultura familiar campesina, simplemente no sería posible”, señaló el chef Sebastián Galarza, docente de la UIDE, reforzando el vínculo entre gastronomía, territorio y producción.
Por su parte, los productores participantes resaltaron la importancia de estos espacios, que no solo facilitan la comercialización directa, sino que fortalecen el reconocimiento social de su labor y visibiliza el valor de la agricultura familiar campesina. Asimismo, hicieron un llamado a las instituciones públicas, privadas y a la ciudadanía a seguir promoviendo circuitos cortos de comercialización y a preservar las tradiciones alimentarias como parte del patrimonio cultural del país.
Desde el enfoque de Andes Resilientes, este tipo de iniciativas contribuyen a fortalecer sistemas agroalimentarios más inclusivos, sostenibles y resilientes, donde la valorización del patrimonio alimentario regional se convierte en una estrategia clave para articular adaptación al cambio climático, desarrollo económico local y preservación cultural.
El evento cerró con un mensaje que sintetiza el espíritu de la jornada: “Cada fruto cosechado en las chacras no solo es resultado de la tierra, el sol y los nutrientes, sino también del conocimiento, la dedicación y el compromiso de quienes lo producen”, concluyó la viceministra Solís.













