REGIONAL
Del mutirao a la minga en los Andes: Andes Resilientes contribuyendo al proceso global de adaptación
Para el proyecto Andes Resilientes, en un escenario post COP30, resulta clave alinearse a un proceso de adaptación global, enfatizado desde una visión andina. Por ello, buscamos contribuir desde nuestros resultados al cierre de brechas en la implementación, financiamiento y toma de decisiones coherentes entre niveles globales, nacionales y territoriales.
Un llamado a la implementación: del “mutirão” a una minga climática en los Andes
Uno de los mensajes políticos más relevantes de la COP30 fue el llamado a un mutirão global contra el cambio climático, impulsado por la presidencia brasileña como una invitación a pasar a una fase centrada en la implementación. El mutirão, entendido como un esfuerzo colectivo y solidario para enfrentar un desafío común, busca reconectar el multilateralismo climático con las personas, los territorios y las comunidades.
Desde la experiencia andina, este llamado no resulta ajeno. Por el contrario, dialoga directamente con prácticas ancestrales profundamente arraigadas en la organización social de los Andes, como la minga y el ayni, que históricamente han permitido a las comunidades sostener la vida en territorios complejos y frágiles.
La minga, entendida como el trabajo colectivo orientado al bien común y el ayni —basado en la reciprocidad— expresan la lógica de apoyo mutuo entre familias y comunidades, pero también con las instituciones y la cooperación, en un contexto de trabajo colectivo para enfrentar una crisis que nos afecta a todos y todas: el cambio climático.
Indicadores de adaptación: avances formales y límites operativos
En este marco, uno de los principales resultados técnicos de la COP30 fue la aprobación de 59 indicadores voluntarios del Objetivo Global de Adaptación (GGA). Este acuerdo fue el resultado de un proceso de negociación largo y que, a pesar de sus limitaciones, representan un hito para fortalecer la resiliencia climática global.
En ese sentido, Andes Resilientes valora el acuerdo como una señal positiva: por primera vez hay un conjunto de indicadores aprobados para orientar el seguimiento del GGA. Sin embargo, el propio texto fija límites que no deben ignorarse:
- Son voluntarios, no prescriptivos y no punitivos.
- No deben generar cargas adicionales de reporte y no se usarán para comparar países.
- No crean nuevas obligaciones financieras, ni responsabilidades, ni indemnizaciones; tampoco pueden condicionar el acceso a financiamiento.
Desde Andes Resilientes, consideramos que el valor de los indicadores del GGA no reside en el reporte en sí mismo, sino en su pertinencia y capacidad de orientar decisiones de política pública, planificación y asignación de recursos. Por ello, es clave que se puedan articular de manera efectiva con las NDCs, los Planes Nacionales de Adaptación (NAPs) y los procesos territoriales de adaptación, incorporando de manera integral el análisis de varias dimensiones, territorialmente contextualizadas.
NDCs actualizadas y adaptación en un escenario de +2 °C
Un elemento clave del escenario post-COP30 es que Perú, Bolivia y Ecuador —los tres países donde interviene Andes Resilientes— han presentado NDCs actualizadas, incorporando compromisos explícitos de adaptación en sectores estratégicos, como agricultura, agua y seguridad alimentaria. Estas NDCs constituyen hoy el principal instrumento político para traducir los acuerdos globales en acciones nacionales y subnacionales para la adaptación climática.
No obstante, el Informe sobre la Brecha de Emisiones 2025 del PNUMA confirma que el mundo se encamina a superar el límite de 1.5 °C, acercándose a escenarios de +2 °C o más. En los Andes, esto ya se traduce en retroceso glaciar, estrés hídrico estacional, afectación a la agricultura familiar y mayor vulnerabilidad social. En este contexto, la adaptación debe ser abordada como una política estructural de desarrollo y resiliencia territorial, y no únicamente como un componente técnico de la agenda climática.
Así mismo, la decisión invita a las Partes a integrar los objetivos del GGA y los Indicadores de Belém en procesos de reporte y planificación, y menciona explícitamente su posible uso en BTR, comunicaciones de adaptación, NAP, NDC y comunicaciones nacionales.
Esta articulación es clave para la región andina: si se diseña bien, puede ordenar información, reducir duplicidades y orientar mejor el financiamiento.
Transición justa, género y legitimidad social de la adaptación
Entre otros acuerdos importantes adoptados en la COP30, destacan el Programa de Trabajo para una Transición Justa (JTWP) y el Plan de Acción de Género (GAP) actualizado, que reflejan un giro relevante al situar a las personas —trabajadores, comunidades, mujeres y grupos vulnerables— en el centro de la respuesta climática.
Desde Andes Resilientes, celebramos estos avances, dado que es clave visibilizar el rol de las comunidades y de las mujeres en la adaptación al cambio climático y por ello, resulta indispensable una integración real del enfoque de género en presupuestos, políticas públicas y sistemas de datos nacionales, porque la adaptación en la región andina está estrechamente vinculada al rol de las mujeres rurales.
En esta línea, y en el marco del Año Internacional de la Agricultora (2026) impulsado por la FAO, se refuerza una agenda que el proyecto ya viene trabajando: reconocer, visibilizar y fortalecer el liderazgo de las mujeres como actoras clave de la resiliencia climática en los Andes.
Continuidad del proceso: hacia la COP en Turquía
La discusión y perfeccionamiento de los indicadores aprobados continuará en la próxima COP programada en Turquía, donde se espera avanzar en su aplicación sistemática y mayor armonización con métricas globales y nacionales.
En ese sentido, Andes Resilientes seguirá trabajando en Perú, Bolivia y Ecuador apoyando la integración de los indicadores GGA en las hojas de ruta nacionales de adaptación, aportando evidencia territorial y generando aprendizajes con contrapartes estatales y locales.
Agenda de Andes Resilientes hacia 2026 y la próxima COP
Desde la región andina, Andes Resilientes asume el periodo post-COP30 como una fase de profundización y coherencia. Con miras a 2026 y a la próxima COP, el proyecto orientará su trabajo a:
- Acompañar a los países andinos en la adopción, integración y operacionalización de los indicadores GGA, articulando los compromisos de adaptación de las NDCs, NAPs y los BTR.
- Fortalecer medios de vida de la agricultura familiar andina y contribuir a la resiliencia climática global desde los territorios andinos.
- Aportar evidencia climática desde la agricultura familiar, la agrobiodiversidad y los ecosistemas de montaña a los debates nacionales y regionales.
- Integrar de manera transversal los enfoques de género y transición justa en los procesos de adaptación.
Desde Andes Resilientes reafirmamos nuestro compromiso con la construcción de la resiliencia climática global desde los territorios andinos, poniendo a disposición aprendizajes, metodologías y evidencia que contribuyan a consolidar sistemas de adaptación eficaces, inclusivos y culturalmente pertinentes.