ECUADOR
Andes Resilientes impulsa la incorporación del riesgo financiero climático en la gestión de crédito rural junto a la Cooperativa 23 de Julio en Ecuador
En el marco de su estrategia de articulación con el sector privado para fortalecer la resiliencia climática en los territorios andinos, el proyecto Andes Resilientes viene consolidando una línea de trabajo con la Cooperativa 23 de Julio del Ecuador, orientada a incorporar la variable de riesgo financiero climático en la gestión de su cartera de créditos y en la relación de acompañamiento que mantiene con sus socios.
La Cooperativa 23 de Julio cuenta con tres líneas de financiamiento vinculadas al desarrollo productivo, la inclusión económica de las mujeres y la sostenibilidad ambiental: Crediagro, dirigida a productores agropecuarios; Impulso Mujer, orientada a mujeres emprendedoras; y Eco 23, enfocada en soluciones sostenibles y ecológicas. Estas líneas constituyen una plataforma estratégica para promover inversiones productivas más resilientes frente a los efectos del cambio climático.
Como parte de este proceso, Andes Resilientes desarrolló una nueva jornada de capacitación con oficiales de crédito de la cooperativa, quienes son responsables de la gestión de estas líneas financieras. El objetivo fue fortalecer sus capacidades para comprender cómo los riesgos climáticos pueden afectar el desempeño de los créditos, ya sea mediante retrasos en los pagos, pérdidas productivas o afectaciones directas en los activos financiados.
La incorporación de este enfoque busca que los equipos de crédito no solo integren criterios de evaluación financiera, sino también variables asociadas a la exposición climática de las actividades productivas que financian. Esto permitirá mejorar el análisis de cartera y, al mismo tiempo, reforzar el acompañamiento técnico y preventivo que la cooperativa brinda a sus socios.
En la práctica, este enfoque abre la posibilidad de que, durante el proceso de evaluación crediticia, los oficiales puedan orientar mejor a quienes solicitan financiamiento. Por ejemplo, si un socio plantea invertir en crianza de animales o en producción agrícola, la evaluación podrá considerar factores como variaciones de temperatura, heladas, disponibilidad de agua o condiciones de infraestructura que podrían comprometer la viabilidad de la inversión y la capacidad de pago.
Este trabajo adquiere especial relevancia en el modelo cooperativo, donde la relación financiera se construye desde la lógica de la asociatividad. A diferencia de la banca convencional, las cooperativas trabajan con socios que aportan a un capital común que luego circula en beneficio colectivo. En ese sentido, fortalecer la gestión del riesgo climático también significa proteger los recursos compartidos y contribuir a la sostenibilidad financiera de la organización.
Con esta nueva etapa de trabajo, Andes Resilientes y la Cooperativa 23 de Julio avanzan en consolidar una agenda de trabajo orientada a traducir el enfoque de resiliencia climática en herramientas prácticas para la gestión financiera rural. En una siguiente etapa, este proceso incluirá trabajo de campo y acercamiento directo con socios productores, con el fin de vincular el análisis financiero con las dinámicas productivas de los territorios.






