ECUADOR
Fortalecer a quienes alimentan al Ecuador: innovación financiera para una Agricultura Familiar Campesina más resiliente
¿Qué pasaría si las decisiones de financiamiento agrícola también consideraran los riesgos climáticos que enfrentan las familias productoras y las medidas que implementan para hacerles frente? En un contexto marcado por sequías, lluvias intensas, heladas y otros eventos extremos, esta pregunta cobra cada vez mayor relevancia para la Agricultura Familiar Campesina (AFC), responsable de una parte fundamental de los alimentos que llegan diariamente a las mesas de las familias ecuatorianas.
Para quienes viven y producen en el campo, el cambio climático no es un escenario futuro. Sus efectos ya se expresan en la disponibilidad de agua, en los ciclos productivos, en la productividad de los cultivos y, con ello, en la estabilidad de los ingresos y medios de vida de las familias. Frente a esta realidad, fortalecer la resiliencia de la Agricultura Familiar Campesina requiere no solo promover prácticas de adaptación en las parcelas, sino también generar condiciones que permitan sostener y ampliar estas inversiones.
En este contexto, Andes Resilientes, iniciativa del Hub Regional Lima de la Cooperación Ambiental Suiza implementada por Helvetas y Fundación Avina, junto con la Cooperativa de Ahorro y Crédito 23 de Julio, impulsa una experiencia de innovación financiera que busca acercar las decisiones de financiamiento a la realidad climática y productiva de las familias agricultoras.
La propuesta incorpora criterios de resiliencia climática en la evaluación del crédito agrícola, de manera que, además de los aspectos financieros tradicionales, se pueda contar con información sobre las condiciones en las que se desarrolla la actividad productiva, los riesgos climáticos a los que está expuesta y las medidas de adaptación que ya implementa cada productor.
El objetivo no es establecer nuevas barreras para acceder al financiamiento. Por el contrario, se busca generar información más completa para comprender la realidad de cada unidad productiva y fortalecer el acompañamiento financiero, contribuyendo al diseño de soluciones que respondan de mejor manera a las condiciones y necesidades de los productores y sus territorios.
Conocer el riesgo para tomar mejores decisiones
Como parte de esta experiencia se desarrolló un Cuestionario de Riesgo, una herramienta orientada a recoger información sobre factores como la disponibilidad de agua y la exposición a heladas, granizadas y sequías, así como sobre las prácticas que las familias implementan para reducir sus impactos.
A este instrumento se suma un Semáforo de Riesgo Climático, que permite clasificar el nivel de vulnerabilidad climática de la unidad productiva y generar elementos adicionales para la toma de decisiones.
Ambas herramientas parten de una premisa sencilla: para comprender el riesgo financiero de una actividad agrícola también es necesario comprender los riesgos que condicionan su producción. Una parcela con acceso seguro al agua, cultivos diversificados o infraestructura de protección enfrenta condiciones diferentes a otra altamente expuesta a un evento climático.
Entre mayo y julio de 2026, se realizaron capacitaciones dirigidas a oficiales de crédito de las agencias de la Cooperativa 23 de Julio sobre los impactos del cambio climático en la agricultura y su relación con la gestión de la cartera crediticia. Posteriormente, se desarrolló un proceso de acompañamiento técnico en seis agencias ubicadas en Yaruquí, Guayllabamba, El Quinche, Otavalo, Tabacundo y Cayambe.
Durante este proceso, 13 asesores de crédito participaron en visitas a familias de la Agricultura Familiar Campesina, con el propósito de conocer directamente sus dinámicas productivas, identificar los principales riesgos climáticos y poner a prueba herramientas que permitan incorporar esta dimensión en la evaluación crediticia.
Las visitas permitieron conocer experiencias productivas diversas, vinculadas a la producción de rosas, hortalizas, frutas, leche e incluso piscicultura. Esta diversidad permitió observar cómo las características de cada actividad y territorio determinan distintos niveles de exposición y diferentes capacidades para responder a los riesgos climáticos.
La resiliencia también se construye con inversión
En las parcelas visitadas, prácticas y soluciones que las familias productoras vienen desarrollando desde hace años adquieren una nueva relevancia. La disponibilidad de reservorios, la diversificación de cultivos, la protección de los suelos, el acceso y manejo eficiente del agua o el uso de invernaderos son, además de estrategias productivas, formas concretas de reducir la vulnerabilidad frente al cambio climático.
Incorporar esta información permite comprender mejor las condiciones en las que se desarrolla la actividad agrícola y reconocer los esfuerzos que realizan las familias para proteger su producción y sus medios de vida.
Por ejemplo, una familia que diversifica sus cultivos puede reducir su dependencia de una sola cosecha; aquella que invierte en infraestructura para almacenar agua puede contar con mayores capacidades para enfrentar periodos de escasez; y quienes protegen sus cultivos mediante invernaderos pueden disminuir su exposición a determinados eventos climáticos.
Estas decisiones, tomadas desde el conocimiento del territorio y de las propias necesidades productivas, representan capacidades de adaptación que también deben ser reconocidas al momento de comprender la realidad económica y productiva de una familia agricultora.
Innovar en finanzas para fortalecer la resiliencia
La experiencia impulsada por Andes Resilientes y la Cooperativa 23 de Julio muestra que la innovación para la Agricultura Familiar Campesina no necesariamente pasa por crear soluciones completamente nuevas. También implica transformar la manera en que los distintos actores comprenden y responden a los desafíos que enfrenta el campo.
En este caso, significa acercar al sector financiero a una realidad en la que las condiciones climáticas tienen una incidencia directa sobre la producción, los ingresos y la capacidad de las familias para cumplir sus compromisos financieros.
Integrar la perspectiva climática en las decisiones de financiamiento abre así una oportunidad para generar un diálogo más cercano entre productores, entidades financieras y territorios, y para avanzar hacia instrumentos que respondan mejor a los riesgos y oportunidades de la Agricultura Familiar Campesina.
La resiliencia no depende únicamente de la capacidad de una familia para enfrentar una sequía, una helada o una granizada. También depende de contar con las condiciones y recursos necesarios para anticiparse, adaptarse y recuperarse frente a estos eventos.
Fortalecer a quienes alimentan al Ecuador
Los beneficios de este enfoque trascienden a cada unidad productiva. Cuando una familia agricultora cuenta con mejores condiciones para gestionar los riesgos climáticos, aumenta su capacidad para proteger sus cultivos, sostener sus ingresos y mantener sus medios de vida. Y cuando miles de familias fortalecen estas capacidades, también se fortalecen los sistemas alimentarios y las economías rurales.
Por ello, fortalecer la resiliencia de quienes producen los alimentos significa también contribuir a la seguridad alimentaria del Ecuador.
La Agricultura Familiar Campesina no solo es el sustento de miles de hogares rurales, sino que también representa un pilar para la alimentación de la población ecuatoriana, conservan conocimientos ancestrales, y consolidan la seguridad alimentaria del país. Implementar mecanismos financieros que identifiquen sus desafíos frente a fenómenos climáticos y fomenten sus capacidades representa un paso de gran importancia hacia un modelo de desarrollo más inclusivo, resiliente y preparado para enfrentar los desafíos del cambio climático.
Más que facilitar el acceso a un crédito, este enfoque fomenta oportunidades para que las familias productoras continúen cultivando y fortaleciendo sus medios de vida, para garantizar que las futuras generaciones tengan acceso a una diversidad de alimentos, territorios productivos y a un Ecuador más resiliente
Porque fortalecer a quienes alimentan al Ecuador es también fortalecer la capacidad del país para enfrentar el cambio climático y construir sistemas alimentarios más resilientes.






